La tipografía es la voz de un producto. Antes de leer una palabra, el tipo ya marcó un tono: seguro o tímido, cálido o clínico, moderno o nostálgico.
Un buen sistema tipográfico trata sobre ritmo: una escala clara, altura de línea generosa para lectura y espaciado consistente. Si el ritmo está bien, todo se siente intencional.
Rara vez necesitas más de dos familias. Una para expresión, otra para claridad. La restricción es parte del punto.
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